Corresponsal de viaje, Matías Belza; nos envió el video por los actos en el homenaje al primer gobierno patrio paceño. Allí asistió el presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales.

El 16 de julio de 1809, mientras se desarrollaba la procesión de la Virgen del Carmen, aproximadamente a las 19.00, los revolucionarios encabezados por Pedro Domingo Murillo tomaron el cuartel de Veteranos, donde pidieron Cabildo Abierto y depusieron al gobernador Tadeo Dávila y al obispo Remigio de la Santa y Ortega, quemando los impuestos e instaurando el primer gobierno libre de América que fue el de la Junta Tuitiva de La Paz.
Los días transcurrieron hasta que el 22 de julio se le ordenó al mestizo Pedro Domingo Murillo que desempeñe el cargo de Coronel Comandante de la ciudad.
El 27 de julio, la Junta lanzó la proclama más conocida que en su texto declaraba la independencia de las colonias, siendo enviada a las principales ciudades en espera de su pronunciamiento y adhesión a la causa.

ANTECEDENTES

La rebelión de Túpac Katari que cercó la ciudad de La Paz en 1781, a pesar de no obtener éxito y ser aplastada por los españoles y criollos, peleando juntos en un solo frente, sin duda alguna encendió la mecha de la independencia y comenzó a germinar el pensamiento libertario en los criollos paceños.
Sin embargo, debieron pasar los años hasta que Napoleón Bonaparte invadió España afectando y debilitando a la autoridad que ejercía la corona en las colonias que administraba en América.
A esto se suma la independencia de Estados Unidos que terminó de inspirar los vientos de cambio y libertad sobre los americanos.
El debilitamiento de la autoridad española se hizo latente cuando renunció Carlos IV dando paso a Fernando VII y éste en favor de José Bonaparte.
En 1808 José Manuel de Goyeneche, militar español, fue comisionado como representante plenipotenciario de la Junta Suprema Central de Sevilla para la proclamación del rey Fernando VII en el del Río de la Plata y en el Virreinato del Perú.
Al pasar por Río de Janeiro camino a Buenos Aires, se entrevistó con la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII y reina regente de Portugal en el Brasil, con ambiciones de asumir los títulos de su hermano en tierras americanas.
Esta situación caldeó los ánimos en Charcas cuyos pobladores se levantaron en defensa de los intereses del rey Fernando VII. El lema fue en ese entonces "Muera el mal gobierno, viva el Rey Fernando VII".
Por esta situación, una corriente de la historiografía afirma que se trató de una revuelta que enfrentó a Fernandistas y Carlotistas en un contexto alejado de intenciones independentistas.
De todos modos, la situación no quedó ahí porque ya se había introducido en la mente de muchos la idea de libertad y por eso se enviaron emisarios a muchos lugares de lo que ahora es Bolivia.
El descontrol vivido en Charcas aumentó más el deseo de independencia de los paceños que ya venían realizando reuniones secretas con anterioridad a este suceso.
Este movimiento se armó con tal rapidez que para la llegada de los emisarios ya se estaban dando los últimos toques a una sublevación cuidadosamente planificada.
El plan consistía en iniciar la revuelta durante la tarde del 16 de julio de 1809, aprovechando que toda la atención estaba depositada en la fiesta de la Virgen del Carmen.
Mientras se realizaba la procesión de la patrona castrense, a eso de las 19.00, los revolucionarios tomaron el cuartel de Veteranos, donde pidieron Cabildo Abierto y depusieron al gobernador Tadeo Dávila, al obispo Remigio de la Santa y Ortega.
Los realistas no se enteraron de la revuelta hasta el día siguiente, pese a que el intendente interino, Tadeo Dávila, ya sabía con antelación de los planes revolucionarios, pero prefirió ignorar las denuncias hechas por vecinos sobre las sospechosas juntas.
Las reuniones lograron crear un gran tumulto que incluyó en sus filas no sólo a criollos, sino a mestizos e indígenas que se unieron como fuerza de choque en la movilización.
A raíz de la creación de la Junta Tuitiva, circularon varias proclamas: mientras una aclaraba la lealtad de Murillo al movimiento, otra explicaba a los potosinos los motivos que impulsaron a las acciones del 16 de julio.
Ante el peligro de la aproximación de tropas realistas al mando de Goyeneche, quien pese a las sospechas de ser partidario carlotista Publicidad fue llamado para sofocar la insurrección, los revolucionarios se alistaron para la defensa marchando hasta Chacaltaya en espera del enemigo.
Mientras eso sucedía, se produjo una contrarrevolución encabezada por Pedro Indaburo, quien apresó a Murillo acusándolo de traición. Indaburo fue ajusticiado por Antonio de Castro.
Poco después, llegaron las fuerzas de Goyeneche a la ciudad, lo que obligó a los patriotas al repliegue de sus fuerzas hasta los Yungas, donde entre octubre y noviembre de 1809 fueron derrotados en los combates de Irupana y Chicaloma, donde perecieron Victorio García Lanza y Antonio de Castro.
Murillo consiguió huir, pero fue apresado los primeros días de diciembre en Zongo. Así, los cabecillas restantes cayeron poco a poco.
Algunos patriotas fueron condenados a prisión perpetua en las Malvinas y Filipinas luego de la confiscación de sus bienes, mientras que el 29 de enero de 1810 se cumplió la sentencia de muerte para nueve protomártires de la independencia.
La sentencia de muerte fue para Juan Antonio Figueroa, Basilio Catacora, Apolinar Jaén, Buenaventura Bueno, Juan Bautista Sagárnaga, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Gregorio García Lanza y Pedro Domingo Murillo, quien pasó a la historia como autor de la célebre frase: "La tea que dejo encendida, nadie la podrá apagar, viva la libertad."

*Con pasajes del libro de Monteagudo, Bernardo (1812)
Fuente:ABI/Bolivia.com
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