Etchecolatz es la muestra de la represión consecuente con el terrorismo de Estado en los 70's que imperó Argentina como parte del Plan Cóndor, comandado por gobiernos extranjeros y ejecutado por los asesinos que lideraban las Fuerzas Armadas en el país.

La oligarquía empresaria que integra el PRO y conduce el macrismo, se ocupó en reivindicar la impunidad de estos genocidas, permitiéndoles estar en sus domicilios, cumpliendo laxamente la condena por todas las personas asesinadas, torturadas, desaparecidas y por los bebés apropiados que aún se buscan. Entre ellos, a la cuenta de los horrores cometidos por el otrora comisario Etchecolatz, está la desaparición de Jorge Julio López.

"Hace 12 años, después de declarar contra Etchecolatz, desaparecieron por segunda vez a Jorge Julio Lopez. Luchamos por Memoria, Verdad y Justicia para que se termine la impunidad en Argentina . Nunca vamos a dejar de preguntar: ¿Dónde está Julio López? " expresó públicamente la legisladora Vanesa Siley. En tanto en las redes sociales, el periodista Juan Amorin, recordaba: "Todos los miserables que el año pasado te hablaban de la desaparición de Jorge Julio López para justificar la de Santiago Maldonado hoy no dicen nada ni marchan para pedir por él. Qué inesperado, ¿no?"

Este 18 de septiembre los familiares, amigos y militantes de DDHH, recuerdan a Jorge Julio López, exigen su aparición y el encarcelamiento de los responsables por el delito de secuestro.

Ante medios porteños, Rubén, hijo de Jorge Julio López, dijo: "Lo que pasó con Corina en Moreno me retrotrajo a lo peor de la dictadura".-
Así también, el dirigente kirchnerista Jorge Ferraresi, opinó: "La segunda desaparicion de Jorge Julio López fue un mensaje contra el avance de los juicios por delitos de lesa humanidad. No lograron pararlos. Hoy López es un símbolo de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia"

Memoria sobre Jorge Julio, el albañil

Nacido en General Villegas en 1929, albañil de profesión. Durante los ‘70, fue militante de la agrupación Juan Pablo Maestre del frente de masas de Montoneros, Juventud Peronista. Militaba en una unidad básica barrial de La Plata, donde “llevaba a los pibes a jugar a la pelota”, como mencionaba en una de sus últimas declaraciones en el juicio contra el genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Fue secuestrado durante la última dictadura cívico militar en octubre de 1976 por un grupo de tareas de la Policía Bonaerense a cargo de Etchecolatz, y llevado al centro clandestino de detención conocido como el Pozo de Arana. Después de ser torturado durante años y ser trasladado a las unidades 4, 8 y 9, fue puesto en libertad en junio de 1979.

Tres décadas después del inicio de la dictadura, se constituyó como querellante en la causa del “Circuito Camps” y aportó datos centrales para lograr la primer condena de Etchecolatz, como jefe de la División de Investigaciones, responsable del operativo que derivó en la “Noche de los Lápices”, del funcionamiento de los 21 centros clandestinos de detención ubicados en la Provincia de Buenos Aires, y mano derecha del jefe de la Policía Bonaerense, Gral. Ramón Camps. Su testimonio fue clave en el esclarecimiento del paradero de otros compañeros desaparecidos y en la imputación de al menos otros 62 militares y policías involucrados.

Después de hacer su última declaración previa a los alegatos, fue desaparecido por segunda vez el 18 de septiembre de 2006, un día antes de ser condenado por primera vez Etchecolatz a cadena perpetua. Doce años después, aún no hay noticias de su paradero.

Su segunda desaparición, como la primera, nos duele en el centro de la militancia, como el primer día. El compañero López fue y es, un ejemplo de lucha, que nunca claudicó a pesar de los enormes infiernos que tuvo que atravesar. Su reivindicación de la necesidad de la organización y la lucha quedaron latentes en uno de sus testimonios: “Yo cooperaba con los Montoneros. Yo se lo digo derecho. Yo no me saco la venda de los ojos… Cooperaba con ellos porque, mire, fueron los únicos valientes que hicieron frente a 240.000 tipos que eran entre policías, soldados, marinos, prefectura, entre otros. Fueron los únicos 6.000 tipos que salieron a la calle”.

 

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