Se hizo público y viral, en ese contagio inmediato en las redes sociales, la confesión de una joven de 19 años, oriunda de Metán, en la provincia de Salta, quien escribió y compartió una carta en la que detalla su infancia y su dolor por ser hija de un sacerdote católico también de origen salteño. La muchacha, activista del feminismo, narra las vicisitudes del abandono, la negación y su actualidad en Buenos Aires, junto a su familia; alejados del sacerdote que le negó un lazo afectivo con el entorno parental.

La historia de una madre soltera que tuvo una hija, resultado de la relación con el sacerdote del pueblo en donde vivían; quedó plasmada en la carta que se hizo viral por decisión de Agustina Gamboa Arias, hija de un prebístero de la Iglesia Católica en el norte de Argentina.-

SOY AGUSTINA GAMBOA Y YA NO ME CALLO MAS; encabeza la misiva que se contagió por la web en el marco de los debates que generan hoy, por el proyecto de Interrupción Voluntario del Embarazo.

"El sacerdote y referente de la Iglesia Católica de Salta Carlos Gamboa, fue entrevistado en el programa “La Otra Campana” acerca de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo próxima a tratarse en el Senado de la Nación. En la oportunidad Carlos Gamboa apeló a los slogans “Sí a la vida”, “Sí a toda vida”, “Toda vida vale”. Éstas fueron sus afirmaciones, sin embargo, la realidad contradice sus palaras pues sistemáticamente descuidó y desatendió de mí, su hija Agustina María Gamboa Arias, nacida en mayo del 2000.
Llevo el apellido de mi progenitor, pero originalmente fui anotada en el Registro Civil como Agustina Arias ya que se negaba a reconocerme legalmente negándome también el derecho de todo niño o niña a su identidad. El 16 de agosto del 2002, mediante requerimiento de un abogado pude ser reconocida como consta en la acotación al margen de mi acta de nacimiento. Si bien estoy viva, si fuera por él estaría en completo abandono.

Desde siempre se todo sobre mi identidad, quién soy y de dónde vengo, pero esta realidad me resultaba inconclusa, a medida que fui creciendo necesité no solo conocerlo si no también entender lo que sucedía. ¿Por qué mi padre estaba ausente?

En la entrevista a la que se presentó, Gamboa habla de “acompañar a la mujer que está en la disyuntiva de continuar o interrumpir un embarazo”, también dice “apoyar a los chicxs que están vivxs”. Siendo yo su hija la que pasó por muchas situaciones de abandono porque Carlos Gamboa nunca se preocupó por conocerme.

A partir de mi insistencia pudimos coordinar algunos encuentros que se hicieron cada vez más complicados: Nos veíamos en estaciones de servicio alejadas de toda persona que lo pudiera reconocer. En los encuentros me repetía el discurso de que me amaba, pero no podía ser mi padre, en ese entonces, para una nena de 6 o 7 años era un relato muy confuso ya que yo no contaba con las herramientas emocionales para entender lo que me decía de manera tan contradictoria. Era una niña que creía que mi padre me amaba, esperaba sus llamados para fechas importantes como cumpleaños o las fiestas o algún gesto de interés que nunca llegó.

Nunca hubo iniciativas de su parte, a pesar de que mi madre y mi padre del corazón le ofrecieron muchas opciones para facilitar nuestro vínculo como encontrarnos en otras provincias o pagarle el pasaje hacia Capital Federal, lugar donde vivo para que me viniera a ver. Nunca accedió y con el paso del tiempo, los silencios fueron cada vez más prolongados.

Entendí mucho después, en mi adolescencia que mi padre no me quería por eso busqué afecto en otrxs miembrxs de mi familia paterna, mediante las redes sociales comencé a buscar a todx aquel con apellido Gamboa que pudiera ser familiar. Resultaron ser muchxs, y hasta pude conocer a una prima que junto con sus padres y hermanos me recibieron con alegría. Sin embargo, esto desató una tormenta que se manifestó con maltratos verbales y psicológicos telefónicos por parte de Gamboa hacia mí y hacia mi mamá.

La familia de Carlos Gamboa se encolumnó detrás suyo protegiéndolo e impidiéndome la posibilidad de conocerlos y completar parte de mi identidad y de mi vida, aquella que Gamboa dice defender. En este episodio tan desgraciado, Víctor Gamboa, hermano mellizo de Carlos tuvo un rol terriblemente violento y destructivo siendo que en un comienzo parecía una persona confiable y buen padre de familia.

En esta lucha por lograr un reconocimiento, un espacio, un poco de afecto y de completar mi historia terminé enfrentándome ante la Iglesia Católica salteña que como sabemos, tiene mucho poder y a través de un abogado defendía sus intereses yendo totalmente en contra de mis derechos.

Por eso, cuando mi progenitor habla de “respetar las dos vidas” debo decir que no respetó la vida de su hija por defender su imagen y sus privilegios económicos. La iglesia encubrió y ayudó a ocultarme, nadie debía enterarse de mi existencia.

Fui víctima de todas estas manipulaciones que me afectaron psicológicamente, el abandono del niñx que si nació es tan destructivo para la personalidad que hace que aún hoy siga con dificultades a la hora de vincularme y de conformar mis relaciones personales a tal punto que llegué a pensar que no merecía ser querida.

Carlos Gamboa en la entrevista habla de que la Iglesia debe formar y respetar a las personas pero él nunca lo hizo conmigo, sus acciones afectaron mi forma de ser, la forma en la que me vinculo con las personas y cómo me desarrollo en el plano emocional habiendo vivido tanta manipulación afectiva, habiendo oído tantas palabras vacías que me afectaron para siempre. Voy al psicólogo desde que tengo memoria; ¿cómo confiar en lxs demás si no podés confiar en tu padre biológico? Por eso cuando en la entrevista se pronuncia “a favor de las dos vidas” y dice “no lo dañemos más con otro abuso” debo afirmar que el daño que me hizo es irreversible, un daño que también se manifestó en lo relacionado con la cuota alimentaria pues para que cumpliera con su obligación debió celebrarse un convenio privado, en numerosas ocasiones se retrasó en el pago de la cuota y maltrató a mi madre cuando ella le solicitaba lo que me correspondía, así esta situación fue de una gran violencia.
Entonces cuando Carlos Gamboa y la iglesia que representa hablan de “si a la vida”, “si a toda vida” y “toda vida vale” me pregunto ¿que quiere decir con eso? y ¿Por qué él se siente con autoridad moral para decirlo tan livianamente? Imponiendo con ese discurso un pensamiento sobre la sociedad, sabiendo que sus palabras tienen mucho peso, pero sus actos lo contradicen. Debo decir que todo esto me parece una total hipocresía.

En contra de la posición de mi padre, mi familia y yo estamos a favor de la Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo sin modificaciones porque sabiemos que esta Ley ayudará a mujeres y cuerpos gestantes que se encuentren en riesgo o deseen decidir sobre su futuro. También consideramos que el abandono es muerte y que el dogma de la Iglesia no debe interponerse en la vida republicana y debe respetar las decisiones de las mujeres.

Para concluir agrego que esta carta fue muy difícil de escribir y llevó meses de preparación, análisis y de remover cuestiones que duelen y molestan, pero algo me dejan en claro, me libere del estigma que me impuso la curia al nacer. Ahora si puedo decir orgullosa que participe de la vigilia en Diputados, que tuve una vida formación ideológica orientada a los derechos de humanos, de las mujeres y sexualidades disidentes y es por ello que hago pública esta carta. Me llamo Agustina María Gamboa Arias y decidí por mis propios medios -y con el apoyo de mi familia - dejar de ser cómplice de la doble moral de la iglesia de la que forma parte Carlos Gamboa, mi padre biológico.

Me expreso porque quiero que el aborto sea LEGAL SEGURO y GRATUITO y que exista la EDUCACIÓN SEXUAL, LAICA Y CON PERSPECTIVA DE GÉNERO en TODAS las instituciones educativas del país, y porque quiero que TODAS las mujeres y cuerpos gestantes tengamos la LIBRE DECISIÓN sobre nuestros cuerpos y nuestra vida.
VIVA LA LUCHA FEMINISTA" culmina la carta redactada por Agustina Gamboa Arias.

Un sacerdote reconoció su partenidad

A principios de este año, trascendió que en una diócesis portuguesa, se había suscitado un caso muy similar, en el que un cura católico había decidido afrontar la realidad expuesta ante la comunidad a su cargo y a las autoridades eclesiásticas.
La diócesis portuguesa de Funchal en Portugal informó el domingo 28 de enero que un sacerdote que reconoció la paternidad de una niña fue dispensado de sus funciones como párroco pero podrá continuar con su ministerio pastoral, una decisión que ha sorprendido a los católicos del país.
En noviembre de 2017, el P. Giselo Andrade, entonces párroco de Monte, asumió la paternidad de una niña nacida en agosto.
Tras conocer el caso, la diócesis de Funchal señaló que “la Iglesia es un espacio de misericordia y Dios perdona todo, pero no puede admitir una doble vida”.
La diócesis indicó que acompañaba “la situación, en el respeto por la delicadeza del caso, la dignidad de las personas y las consecuencias que tenía en la propia parroquia y en las demás comunidades cristianas”.
Precisó asimismo que “el propio sacerdote debía discernir, en diálogo con el obispo, si pretendía ejercer el ministerio sacerdotal según las exigencias y normas de la Iglesia o si en vez de ella abrazaría otra vocación”.
En la nota del 28 de enero, la diócesis informó que la decisión de retirar al P. Andrade de sus funciones de párroco se dio “luego del diálogo con el propio sacerdote”.
Sin embargo, precisa la nota diocesana, el presbítero “podrá continuar en el ejercicio de su ministerio pastoral, a través de algunas actividades que ya le estaban confiadas en el área de las comunicaciones y otras que eventualmente le sean atribuidas”.
El comunicado señala que fue el mismo sacerdote quien “manifestó su deseo de seguir ejerciendo su ministerio sacerdotal, en las condiciones exigidas por la Iglesia”.
“Desde luego se vio la necesidad de un discernimiento claro, en orden a una opción responsablemente asumida y madurada en la reflexión y en la oración, un discernimiento hecho con serenidad y libre de presiones, acompañado por el Obispo de la diócesis”, Mons. António José Cavaco Carrilho, prosigue el texto.
La nota también resalta que al asumir la paternidad de su hija, el P. Andrade mostró su compromiso ante las responsabilidades inherentes a esta situación que también ha generado algunos “aspectos negativos”.
“Toda esta situación generó en los medios de comunicación social y en las redes sociales una oportunidad de debate y reflexión” sobre la disciplina del celibato en la Iglesia, considerando que esta “no es estática sino dinámica y que tiene una historia que le permite reconocer sus valores y faltas”.
En ese sentido, la diócesis de Funchal resaltó que “los sacerdotes católicos aceptan y se comprometen en plena libertad, a vivir el don del celibato en su ministerio de servicio al Pueblo de Dios, en conformidad más plena con Cristo Pastor, con frutos abundantes para la Iglesia, incluyendo el sacrificio de algunas expresiones y alegrías de la vida familiar”.
En noviembre de 2017, cuando el P. Andrade reconoció ser padre una niña, el Presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa, Cardenal Manuel Clemente, defendió el celibato y rechazó la posibilidad de que este sea abandonado o “suavizado”.
En conferencia de prensa el 16 de noviembre al término de la asamblea plenaria de los obispos, el Purpurado comentó que también se dan situaciones similares a las del P. Andrade “fuera de la conyugalidad” en el matrimonio.
Según indicó la agencia portuguesa Ecclesia, el también Patriarca de Lisboa dijo que en los casos de infidelidad “las responsabilidades tienen que asumirse” y la vida sacerdotal o conyugal prosigue cuando hay “voluntad de arrepentirse en el camino y hacer las cosas con más consciencia y responsabilidad”.
En cuanto al celibato, el Cardenal precisó que “el sacerdote es una señal viva de Cristo, al elegir no formar una familia para ser familiar de todos”
Fuentes consultadas: portales de noticias y ACI prensa

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