La médica Cecilia Ousset cuenta en primera persona, la experiencia sobre una niña abusada y embarazada. La profesional que se confiesa católica, apoya la Ley del Aborto Libre, Gratuito y Seguro.

Mi esposo José Gijena es de esos médicos que querés tener siempre cerca.

Sin duda alguna él es un sostén, porque cuando se complica una cirugía, su tranquilidad es clarificante para todo el equipo.
Pasamos muchos momentos malos; pero la única vez que le tembló el pulso, fue la noche nefasta en que entró a la guardia una nena de 11 años en trabajo de parto.
La infante había sido abusada en múltiples oportunidades y claramente su embarazo era para ella algo inentendible. Su cuerpo aún no desarrollado había sido el gestante del hijo de su abuelo. La visión de esta persona sobre la camilla de operaciones era perturbadora.
Las lágrimas corrían por la cara de mi marido como nunca antes (y como nunca después), mientras la paciente lloraba pidiendo que venga su mamá.
Claro está que no entendía que ahora la “mamá” era ella...
Nunca supimos ni averiguamos cómo siguió la vida de ambos niños cuando volvieron a la casa del abusador.
Hace tres días, en un Hospital público de la Ciudad de San Miguel de Tucumán, una colega sumamente calificada le practicó a una nena de doce años con una historia similar, a pedido de la misma y con el aval de su progenitora, una ILE (interrupción legal del embarazo); práctica vigente desde 1921 en el código penal en caso de violación o riesgo de muerte materna.
La colega que actuó con celeridad y de acuerdo a las leyes vigentes y con aviso a la fiscalía; fue sometida al escarnio público del personal de la salud de ese hospital no solo mal intencionado sino completamente ignorante.
La doctora en cuestión es altamente calificada y sumamente respetuosa de todas las personas, religiones, cultos y géneros. Su vida está dedicada a promover la igualdad y la equidad y a hacer cumplir las leyes vigentes en la República Argentina en lo que respecta a las prácticas médicas.
Considero que ya bastante tenemos los médicos con sobrevivir al espanto de la realidad diaria como para soportar además los insultos y sospechas de los colegas y compañeros.
Desde mi lugar de profesional de la salud, suplico a los y las colegas y demás actuantes del Sistema; que respetemos las leyes, respetemos las personas, que dejemos de naturalizar de manera enfermiza las violaciones a los niños y sobre todo; dejemos que los ginecólogos y las ginecólogas hagan su labor lo menos traumáticamente posible para poder sobrellevar con la mayor salud mental las desgracias que nos muestra a diario nuestra difícil profesión.
Muchas gracias.


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